Aviación Chilena

Este blog pretende dar a conocer a ustedes los hechos más destacados de nuestra aviación pionera; recordando a aquellos antiguos aviadores que ganándole un espacio al destino, lograban elevarse por los cielos de la Patria.

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lunes, 19 de diciembre de 2011

ADA ROGATO EL CÓNDOR SOLITARIO


Brasilera fue la primera mujer que saltó en paracaídas en Chile.
Por: Héctor Alarcón Carrasco

Un día del mes de abril de 1950, la selva virgen del sector Puyehue se vio alterada por el suave ronronear del pequeño motor de un avión que se desplazaba plácidamente a través de la cordillera majestuosa, todavía descubierta de los blancos penachos que en invierno cubren de nieve las alturas.
          Las hojas otoñales que la brisa desprendía del bosque centenario, fueron el saludo  que la solitaria mujer a los mandos del avión recibió de esta larga y angosta faja de tierra.
          ¿Pero quien era esta dama del aire que osaba violar nuestro espacio aéreo? Naturalmente era una pregunta que no podían realizar ni el viento, ni el volcán, ni los cóndores que libres volaban sobre los valles cordilleranos.
          En la cabina, la invasora, junto con consultar su mapa y mantener el control de la máquina aérea enfilaba rectamente a la ciudad de Osorno, primera escala en  nuestro suelo. Se trataba nada menos que de la famosa aviadora brasileña Ada Rogato, más conocida como “El Cóndor Solitario”, que en su pequeño avión “Paulistinha”,  conocido como “Brasilerito”, de tan solo 65 HP y que sólo alcanzaba una velocidad de 110 kmts.;  realizaba un raid de buena vecindad por Paraguay, Uruguay, Argentina y Chile.
          Ada Rogato era una aviadora consumada. Había iniciado sus actividades aéreas el año 1935 en su natal Sao Paulo, ingresando al Club de Planeadores, donde llegó a conseguir la licencia clase “C”, la más alta clasificación a que podía aspirar un piloto de vuelo a vela.
          Al año siguiente obtiene su título de piloto aviador de turismo, volando aviones Stinson, Waco, Curtiss, Fairchild y por supuesto los aviones de fabricación brasileña  denominados Muniz 7, Muniz 9, Bucker y H.L.6, habiendo volado además varias veces como piloto de prueba de aviones livianos de construcción brasileña.
          Cuando llegó a Chile por primera vez, ya tenía más de dos mil horas de vuelo, pero  otra de las aficiones que llevaba a flor de piel era el paracaidismo, en cuyo deporte registraba  más de 80 saltos, siendo campeona brasileña de esta especialidad.
          Una de sus mayores cartas de presentación lo constituía el salto nocturno en paracaídas, realizado el 19 de abril de 1942, en Río de Janeiro y en cuyo acto estuvo presente  el presidente de Brasil Getulio Vargas.
Este salto fue realizado junto a cinco varones, ante la expectación  de miles de curiosos que gracias a reflectores especiales pudieron ver a los paracaidistas lanzarse desde un avión Focke  Wulf a la inmensidad de la noche. El mayor peligro del salto radicaba en que los deportistas debían caer sobre en agua de la bahía de Río, desde donde afortunadamente  lograron ser rescatados sanos y salvos por dos lanchas dispuestas para  cooperar en esta emergencia.
Esta proeza revela el temple y la sangre fría de esta aviadora que hizo exhibiciones de paracaidismo en 54 ciudades de su patria y en otras de Sudamérica.
Gran colaboradora en todas las actividades de difusión aeronáutica muchas veces debió tomar su avión para ayudar en el combate de plagas, pulverizando cafetales o transportando alguna medicina a un lugar distante. El pueblo brasileño tan alegre y generoso le denominaba “Aguila Paulista”, “Reina del cielo brasileño”, “Gaviota solitaria”  “Cóndor Solitario” y otros cariñosos apelativos, a los que Ada hacía un gran mérito.

ADA EN CHILE

Aterrizado su avión en Los Cerrillos, Ada fue recibida por las autoridades aeronáuticas quienes supieron apreciar el significado del vuelo de esta dama del aire, que desafiando tempestades y vientos contrarios en el espacio aéreo argentino, rehusó a virar la proa de su avión y no descansó hasta tocar suelo chileno.
Fue recibida en La Moneda por el presidente Gabriel González Videla, quien con su natural bonhomía no dejó de sorprenderse por recibir a tan valiente exponente de la raza y el pueblo brasileño.
No podía faltar una visita al Club de Planeadores de Santiago, donde aparte de ser muy bien recibida por el directorio y socios de la entidad, fue  instada a  improvisar una charla sobre  el vuelo a vela, disertación que permitió a los presentes aquilatar su gran  dominio de esta rama de la aeronáutica.

DOS SALTOS PARA NUESTRA  HISTORIA

Dicen las crónicas de la época que una gran cantidad de gente se reunió en Los Cerrillos la tarde del 15 de abril de 1950, para ver la novedad del deporte del paracaidismo, que en esos años era  practicado en nuestro país sólo por la Fuerza Aérea con fines netamente militares.
En un Aeronca piloteado por Aladino Azzari, Ada Rogato  alzó el vuelo desde el costado oriente de la pista, y luego de tomar unos quinientos metros de altura, la aviatriz y paracaidista se lanzó en pos de la libertad del cielo chileno que la recibió glorioso durante los escasos segundos que duró su hazaña. Luego de descender unos 80 metros abrió otro paracaídas, para frenar el impulso inicial y antes de tocar tierra se abría un tercero, pequeñito,  que ostentaba las banderas de Chile y Brasil, significativo y delicado gesto de confraternidad aérea que fue calurosamente aplaudido por la concurrencia.
Al día siguiente se realizó su segundo y último salto en tierras chilenas, con el que completó 87 saltos en su carrera deportiva, cifra bastante alta para una mujer, si tomamos en cuenta que  esto sucedía hace 50 años.
Días después, Ada rogato, “El Cóndor Solitario”, tomaba los mandos de su Brasilerito y enfilaba rumbo al Este, en dirección al Atlántico, para regresar a su patria y a su querido Sao Paulo.
De vuelta en Brasil, el Ministro de Aeronáutica la premiaba  por su raid con un avión Cessna de 90 HP, bautizado como “Brasil”  y la condecoraba con la Orden al Mérito Aeronáutico en el grado de Caballero.


UNIENDO AMERICA

En abril de 1951, inicia un nuevo raid en torno a las tres américas piloteando su nuevo avión, el que la lleva por el Pacífico hasta el Fuerte Yukón, en Alaska.
En 1960 realiza su último gran raid alcanzando  Tierra del Fuego por el sector argentino. Ingresa a Chile desde Bariloche, realizando escalas en Puerto Montt, Concepción y Santiago.
Ada Rogato vivió su vida dedicada al deporte de la aviación, recibiendo homenajes y honores dignos de la mejor embajadora de su patria. Durante sus raids por diversos países y ciudades de América recibió más de 30 condecoraciones otorgadas por  gobiernos y organizaciones aéreas. En 1951 el Gobierno de Chile la condecoró con la Orden al Mérito Bernardo O”Higgins en el grado de Gran Oficial.
Desde 1980 a 1986, año de su fallecimiento, se desempeñó como presidente de la Fundación Santos Dumont y Directora del Museo de Aeronáutica y del Espacio de Sao Paulo, donde desarrolló una encomiable labor.
          A más de sesenta años años del primer salto en paracaídas de una mujer en Chile, es digno evocar su recuerdo y señalar también que más tarde el año 1966,  la chilena Virginia Nazal, realizaba el primer salto de una chilena, como miembro del área de paracaidismo del Club de Planeadores de Santiago  y  el 26 de marzo de 1984, otra chilena María Teresa Novoa, con 36 saltos, se convertía en la primera mujer en saltar sobre Isla de Pascua, en compañía del paracaidista Patricio Cavada, que tenía más de mil saltos a su haber.

                                                                          

          Sin embargo, una chilena  había saltado antes en paracaídas en el lejano país del Norte. En efecto el año 1931, en Los Angeles, California la glamorosa  Raquel Morandé, en la plenitud de sus veinte años se lanzaba al cielo californiano en pos del brevet de paracaidista, lo que logró dislocándose un pié, situación que no fue obstáculo para que recibiera personalmente su credencial de manos de las autoridades aeronáuticas presentes en el acto, ya que de haber hecho notoria su lesión, no le correspondía el acreditivo. Lamentablemente para nuestra patria, esta chilena valerosa perdió la vida meses más tarde en un accidente automovilístico en ese país, lo que la alejó del digno reconocimiento que la historia ha reservado a las mujeres valerosas del universo, que como Ada Rogato han paseado su nombre por los cielos del mundo.
                                                                        ---o0o---


A principios de 2011 tuve oportunidad de recibir un ejemplar del libro "ADA, mujer, pionera, aviadora". Se trata de una obra de 300 páginas de la periodista de Sao Paulo Lucita Briza, quien con motivo de ese trabajo visitó nuestro país hace algunos años. En esa oportunidad tuve el agrado de compartir con ella y le entregué antecedentes publicados por revistas nacionales y algunos escritos que había compartido conmigo el aviador e historiador brasilero Carlos  Dos Santos Pinheiro,  durante nuestra participación en el Tercer Congreso de Historia Aeronáutica efectuado en Montevideo el año 1997.
Pasó el tiempo y sólo este año vine a tener noticias de ella y con mucha satisfacción me enteré que finalmente había publicado el libro que había originado su viaje.
La obra refleja el largo recorrido de su autora por archivos, bibliotecas y visita a algunos de los países recorridos por Ada en sus raids por América, situación que le permitió contar con antecedentes que de otra forma no le hubieran permitido concretar un trabajo de tanta riqueza documental.  
"ADA, mujer, pionera, aviadora", es una obra que refleja la trayectoria de esta mujer brasilera que hizo de la aviación y el paracaidismo su causa de vida, inquietudes que transmitió a sus compatriotas, ayudando a fomentar el interés por la aviación y dejando como legado el recuerdo de su paso por los cielos de américa desde Alaska a Tierra del Fuego.

Para Lucita, los parabienes por haber logrado dar término a una obra que hacía falta en los medios aeronáuticos y que de seguro será tomada como texto de consulta por historiadores y quien se interese por escribir sobre los vuelos y las actuaciones de esta interesante mujer llamada Ada Rogato.   

viernes, 1 de abril de 2011

Adrienne:




La aviatriz que conquistó los Andes



El Caudrón G-3 En lo Espejo
Hace 90 años una aviadora francesa conquistó los Andes  en un modesto avión Caudrón G-3. Se llamaba Adrienne Bolland y había llegado a la Argentina  con los fines de efectuar una gira latinoamericana y lograr el cruce andino por las altas cumbres entre Mendoza y Santiago.
Para cumplir sus fines sólo contaba con un débil monomotor, biplano, marca Caudrón con motor Le Rhone de 80 HP.
Según contaba “El Mercurio” a sus lectores, esta francesita de ojos penetrantes y sonrisa de niña, pero de una personalidad avasallante, había obtenido su brevet en enero de 1920.
En agosto de ese año realizó el cruce del Canal de La Mancha, habiendo sufrido una panne de motor en mitad del canal, lo que no le impidió salvarse, llegando ilesa al poblado de Kent, en la costa inglesa. Además era la primera mujer en efectuar el “looping the loop”, acrobacia que realizaba con singular sangre fría.
Cuando ya expiraba el año 1920, se embarcó con dos aviones Caudrón G-3 rumbo a  Buenos Aires a bordo del vapor “Victor Manuel”. Allí realizó vuelos de exhibición en San Isidro, donde la prensa había destacado permanentemente que su fin era efectuar el cruce cordillerano.
General Luis Contreras, Inspector de Aviación,
 Presidente Sr. Arturo Alessandri Palma y aviatriz
Adrienne Bolland
Adrianne esperaba recibir un avión de mejores cualidades para efectuar la travesía, ya que no quería sufrir un accidente cuando se encontrara sobre la cordillera.
A mediados de marzo, cuando ya tenía claro que no recibiría un nuevo avión  desde Francia, decidió viajar a Mendoza, dispuesta a lograr lo que algunos no habían podido en máquinas de mejores proyecciones.
Es así como luego de haber efectuado un vuelo de prueba el día 28, se decidió a hacer el primer intento, el que se efectuó el día 31 de marzo, llegando hasta las inmediaciones de Uspallata, verificando que el  avión respondía plenamente a sus requerimientos y el motor se comportaba sin problemas.
El día 1° de abril de 1921, a las 06:30 de la mañana, Adrienne está sobre su avión y luego de despedirse de los presentes, comienza a elevarse en círculos hasta lograr los 3.000 metros.
Casi a las ocho de la mañana se encuentra sobre Uspallata, lista para iniciar la trepada final y atravesar el macizo.
Mientras tanto en el aeródromo “El Bosque”[i], un numeroso público se había reunido esperando a la valiente aviadora francesa.
En tenida de vuelo
El general Contreras, que también estaba al tanto del vuelo, ordenó que el Capitán Armando Castro y el Guardiamarina Alfredo Caces, salieran al encuentro de la aviatriz para que le indicaran el lugar de aterrizaje.
Adrienne y la aviadora chilena
Margot Duhalde durante
 su última visita a Chile
Entretanto Adrienne había logrado vencer penosamente los fuertes vientos cordilleranos volando a baja altura, con el peligro cierto de sufrir un accidente en las altas cumbres cordilleranas.
Al descender el “El Bosque”, la concurrencia que le esperaba le tributó una delirante ovación, conduciéndola en andas hasta la presencia del general Contreras, Inspector de Aviación y otras autoridades.
 Adrienne estuvo en Chile sólo algunos días, participando en el bautizo de los aviones “El Ferroviario” y “Abelardo Núñez”. Durante su estadía fue recibida por el Presidente Arturo Alessandri, quien la condecoró por su valiente hazaña.
Aunque fue la octava en cruzar la cordillera por las altas cumbres, Adrienne fue la primera mujer en lograrlo, por eso hoy al cumplirse 90 años de su hazaña, es preciso recordarla como una de las pioneras de la aviación mundial.

  Lecturas recomendadas:
- Historia de la Aviación en Chile, 1920-1925, Enrique Flores Álvarez (En Memoria Chilena)
- "La Diosa de los Andes", de Mario Battagion, en Revista argentina "Lima Victor" N° 11, año 2005. 

[i] Por aquellos años este aeródromo se conocía indistintamente como “Lo Espejo” o “El Bosque”


Homenaje del Instituto de Investigaciones
 Histórico Aeronáuticas de Chile 

                               

Con motivo de cumplirse el 90º aniversario del vuelo de Adrienne Bolland, aviadora francesa quien el 1º de abril de 1921 cruzara la cordillera de los Andes en avión, entre Mendoza y Santiago, siendo la primera mujer en el mundo en vencer el macizo andino por su parte más alta, el Instituto de Investigaciones Histórico Aeronáuticas de Chile organizó una ceremonia conmemorativa en homenaje a su memoria.-
Acto realizado el viernes 1º de abril en la Sala Histórica de la Escuela de Aviación "Capitán Manuel Avalos Prado", el que contó con la presencia del director del plantel, Coronel de Aviación (A) Cristian Pizarro S., oficiales y una delegación de cadetes del establecimiento, del director de la Escuela de Especialidades "Sargento 1º Adolfo Menadier Rojas", Coronel de Aviación (A) Jorge Uzcategui F., del Agregado de Defensa a la Embajada de Francia en Chile, Coronel Thierry Vincent, de la Presidenta de la Corporación de Beneficencia de Ayuda Francesa, Sra. Alberte Gastal, de representantes de CorreosChile, de la Sociedad Filatélica de Chile y de miembros de corporaciones ligadas al ámbito aeronáutico nacional.-
En la oportunidad hizo uso de la palabra Alberto Fernández, director del instituto, quien reseñó la importancia del vuelo de Adrienne Bolland, con posterioridad a lo cual Sergio Barriga, presidente de la corporación hizo entrega al director de la Escuela de Aviación de una foto enmarcada de ella para su colocación en la Sala Histórica.-
Finalizó la ceremonia con el matasellado con el sello de CorreosChile, de una serie de sobres alusivos a la efeméride, los que serán repartidos a entidades del ámbito filatélico.-   

domingo, 3 de enero de 2010

Aviación Centenaria en América



Cuatro países celebran este año el nacimiento de su aviación

Si hemos de ceñirnos a la historia, corresponde a los hermanos Wrigth la gloria de haber sido los primeros en horadar los cielos de América con una hélice de madera.
El avión, aún poco desarrollado en esa época, apenas era la unión de unas piezas de lona, madera y metal, pero como diría un técnico en la materia: tan armónicamente dispuestas, que en conjunto, ayudadas por un pequeño motor, permitían a un hombre elevarse algunos metros en el aire y danzar entre ráfagas de viento y nubes, que muchas veces alteraban el rumbo y daban con la humanidad de los pilotos precursores en medio del campo, generalmente con resultados fatales.
            Luego de los vuelos de los Wrigth en Norteamérica (1903) y los vuelos de Santos Dumont en París (1906), se produce un auge de la aviación en Europa y más precisamente en París, lugar donde en 1905 la Federación Aeronáutica Internacional (FAI), había sentado sus reales convirtiéndose en el ente fiscalizador de las actividades aeronáuticas, en un principio de globos aerostáticos y luego introduciendo normas a las actividades aéreas.
La FAI, mediante la designación de comisarios debidamente acreditados, homologó el vuelo del 14-Bis de Santos Dumont y lo consignó en sus anales como el primer vuelo en el mundo de un más pesado que el aire, situación que no aconteció con los Wrigth, que años más tarde debieron acreditar con documentos y fotos la realización de sus vuelos en EE.UU.
Luego viene el vuelo grandioso de Luis Bleriot, quien  en un avión de su manufactura atraviesa el Canal de la Mancha (1909), dando un salto formidable que permite predecir el futuro del aeroplano, siendo éste el espaldarazo definitivo para que el avión comience a escribir la historia aérea.
Estos avances permiten dar nuevos giros a los constructores de aeronaves y hay más soñadores que quieren hurgar los intrincados misterios del vuelo.
Entretanto América, un poco a trasmano de todas estas actividades, sólo observa como las máquinas voladoras se pavonean por los cielos europeos, incluso pilotos criollos como Sánchez Besa y Emilio Edwards vuelan y participan en diversos concursos, los peruanos Geo Chávez y Bielovucic, también conquistan logros para su patria lejana, pero será sólo en 1910 cuando el avión llegue a estas latitudes, a enseñorearse en los cielos azules de los míticos Andes.

Alberto Braniff vuela en México

Nuestro amigo Manuel Ruiz Romero –Español, radicado en México- en su libro Aviación Militar, nos comenta que en 1909 había en México una gran ansiedad por contar con un espectáculo aéreo con motivo del primer Centenario del inicio de la guerra que culminaría con la Independencia de ese país.
En los corrillos de prensa figuraban desde Bleriot a los hermanos Wrigth como participantes de esta fiesta nacional, hecho que nunca aconteció. Pero habría de ser el deportista mexicano Alberto Braniff, quien luego de realizar un curso de vuelo en la Ciudad Luz, encargó la compra de un avión Voisin  modelo XIII, de 25 HP, el que llegó encajonado a Veracruz a fines de 1909, desde donde fue expedido vía ferrocarril a ciudad de México.
Los Braniff eran propietarios de la hacienda Balbuena, junto a la estación ferroviaria de San Lázaro. En uno de cuyos extensos potreros se construyó un hangar, donde un mecánico francés, venido expresamente con el avión, procedió al armado de la máquina aérea.
Luego de algunas pruebas que resultaron estériles, por la escasa potencia del aeroplano, talvez condicionado por la altura de ciudad de México (2340 mts. de altura SNM), y de haber realizado una mezcla de gasolina, que  dio mayor potencia al minúsculo motor, el día 8 de enero de 1910, con escasos espectadores, un tozudo y valiente Alberto Braniff lograba elevarse en su Voisin, para gloria de México y de toda Latinoamérica.
En el lugar estaba presente un reportero del The Mexican Herald , quien se encargó de dejar registrado en el periódico los detalles de este vuelo primigenio en tierras aztecas.

Brasil

Al igual que Santo Dumont en Francia, en su patria también hubo cerebros que se dedicaron a buscar la forma de llevar un hombre al espacio en un más pesado que el aire. Es así como en la sureña Sao Paulo tiene lugar el primer vuelo realizado en esta parte del mundo.
Un industrial francés fabricante de ladrillos y un tornero mecánico brasilero, residentes en una parcela cercana a la ciudad paulista,  fueron los protagonistas del evento. Eran ellos  Demetrio Sensaud de Lavaud  Lorenzo de Pellegati, quienes en sus horas libres habían construido un avión tipo Bleriot llamado “Sao Paulo”.
El 7 de enero de 1910 lograron efectuar un vuelo de  prueba, llegando a una altura de 4 metros, con una extensión de 103 metros, en 6:18 segundos.
Luego de su épica conquista aérea, y de la algarabía propia de la ocasión, el avión fue exhibido en el cine Politeama, llamando la atención de un neófito, quien adquirió la máquina aérea y días más tarde, con mucho coraje e intrepidez  intentando elevarse, vino a dar con el avión al suelo falleciendo el postulante a aviador en el intento.
Allí sucumbió el Sao Paulo, luego de haber dado los primeros aleteos en los cielos brasileros
Gran parte de los primeros aviadores eran deportistas o mecánicos vinculados a las bicicletas y a los automóviles, tal era el caso de Gastón de Almeida, que en los primeros años del siglo ya se dedicaba al entonces nuevo sport del automovilismo en su amada tierra brasilera, pero aprovechando el desborde europeo de la aviación había concurrido a París, a hacerse aviador y luego de haber tomado un curso de vuelo, regresó a su patria con un aeroplano Voisin, con el que se dice, logró elevarse sobre los cielos de Río de Janeiro el 24 de enero de 1910.


Argentina


Este país tampoco estuvo ajeno al progreso de la aviación. Con una tradición en vuelos de globos aerostáticos y un Aero-Club fundado en 1909, no podía quedarse atrás en tan importante materia.
A principios de 1910 arribaron a buenos Aires varios aviadores extranjeros trayendo las máquinas de mayor presencia en la Francia pionera. A principios de enero llegaban el italiano Ricardo Ponzelli y el francés Enrique Bregui, ambos propietarios de aviones Voisin de 60 HP. Las autoridades locales dieron las mayores facilidades a estos conquistadores del aire, con el fin de que los porteños pudieran conocer a la brevedad las exhibiciones de la gran maravilla del siglo: el seroplano.
El Aeroclub en comunión con la Sociedad Sportiva Argentina, resolvieron auspiciar los vuelos,  permitiendo así el libre acceso del público a las exhibiciones.
Por fin en la mañana del 30 de enero, en el  polígono de tiro de Campo de Mayo el avión seguido por una fila de curiosos fue puesto en línea de vuelo en la improvisada pista de aterrizaje.
En el asiento del piloto Ricardo Ponzelli daba las últimas instrucciones a sus ayudantes, mientras un público fervoroso esperaba el momento crucial del despegue. En ese momento el aviador Ponzelli inició el decolaje efectuando un carreteo  de unos 120 metros, al final de los cuales se desprendió levemente del suelo, ganando luego los diez metros de altura. Cuando se había desplazado unos 200 metros en el aire, el aeroplano se inclinó sobre un costado y tocó tierra, produciéndose la rotura del tren de aterrizaje y de algunos parantes, sin que el piloto resultara lesionando. 

Chile

Tal como lo expresáramos en nuestro blog, en el artículo “Cien años de aviación en Chile”, correspondió a Cesar Copetta la gloria de ser el primer aviador en surcar el cielo patrio al interior de la antigua chacra Valparaíso, un día 21 de agosto de 1910. Lugar donde un monolito recuerda este hecho. Este lugar corresponde a la actual comuna de Ñuñoa y el recordatorio se ubica frente a la avenida Irarrázabal.

Este fue el nacimiento de la aviación en estos cuatro países. Un amanecer tímido con tres aviones Voisin como principales actores, armatostes pesados y faltos de dinámica, los cuales muy pronto serían reemplazados por los rápidos y eficientes Bleriot y otros aviones de la época, con los cuales los primeros aviadores dieron gloria y lustre a la aviación pionera en sus respectivos países.



Bibliografía:
Ruiz Romero, Manuel. “Aviación Militar” Tall. El Universal, Ciudad de México, México 2004.
Instituto Cultural de Aeronáutica Brasil “História Geral da Aeronáutica Brasileira” Ed. Itatiaia Ltda., Río de Janeiro, Brasil 1988.

Zuloaga, Angel María “La Victoria de las Alas”, Ed. Ateneo, Bs. Aires, Argentina, 1948


jueves, 29 de octubre de 2009

Primeros Correos Aéreos en Chile -1912 - 1920-

Primeros Correos Aéreos en Chile -1912 - 1920-Cuando se demostró que el avión podía desplazarse a grandes distancias y que sus motores podían resistir el paso de las horas sin sufrir averías, se dio un gran salto en el desarrollo de la aviación. 

Ahora venía otra etapa más difícil; ya los aviones cruzaban montañas y océanos, había pasado la fase de las demostraciones de feria en circuitos de cancha y era necesario buscar usos prácticos a estas naves aéreas. La etapa pionera de la aviación francesa comenzaba a dar sus frutos; ¡si hasta los propios hermanos Wrigth habían participado en ella! Así, los militares le confieren labores de observación, bombardeo y fotografía aérea; en tanto la aviación civil comienza a insinuarse en vuelos con pasajeros en largas distancias y aprovechando espacios libres en sus máquinas, a transportar valijas de correo, contando para ello con la experiencia lograda durante años en globos y dirigibles. 

Es a través de la década del diez que nuestros pioneros también participan de este proceso y realizan algunos tibios intentos de correos aéreos. De su estudio he logrado sacar a luz unos cuantos, unos más meritorios que otros, pero que colaboraron en el proceso de dar un paso adelante en el desarrollo de la aviación de nuestro país.
 
LOS PRIMEROS INTENTOS 

El Teniente Eduardo Molina Lavín, quien había realizado sus estudios de aviación en Francia junto al Capitán Manuel Avalos Prado, regresó al país en marzo de 1912. La inquietud por volar en la patria, para demostrar que su brevet de aviador otorgado por la Federación Aeronáutica Internacional, era genuino, le llevó a tomar contacto con los hermanos Copetta, quienes habían construido un aeroplano llamado "El Burrito", con un motor Anzani de 25 HP, de tres cilindros. 

El 4 de abril de 1912 efectuó algunos vuelos a regular altura en Batuco, siendo el primer oficial de Ejército en volar en el país. Debemos recordar que todavía Chile no contaba con aviación militar, a pesar de tener gente estudiando aviación en Francia. Por lo tanto, Molina no perdía la oportunidad de realizar algunos vuelos, cada vez que tenía oportunidad de hacerlo. En marzo de ese año apareció por Chile el aviador francés Marcel Paillette, quien una vez realizadas sus presentaciones, vendió su biplano Farman al Teniente Molina.

Nuestro aviador realizó su primer vuelo de prueba en este avión el 25 de junio en la Chacra Valparaíso. El 29 de ese mes realizó un nuevo vuelo de ensayo, que culminó con una falla de motor y el Farman montado sobre un árbol. Reparadas las averías, el 13 de julio Molina efectuaba su primera presentación ante el público del Club Hípico, habiendo despegado de la chacra Valparaíso alrededor de las 16:00 horas., desde donde se dirigió al centro de la ciudad. 

Cuando los espectadores del Club esperaban ver aterrizar al piloto, este pasó de largo, lanzando a la pista el siguiente mensaje: "al público: Pido excusas por no poder aterrizar en el Club a causa de que no he conseguido que se despeje la cancha de las nuevas empalizadas y porque el motor no funciona bien (Fdo.) Eduardo Molina Lavín". Este es el primer registro de un mensaje lanzado desde un más pesado que el aire en nuestro país. Hecho anecdótico, ya que fue realizado por un piloto militar que no pertenecía a una organización aeronáutica definida, porque simplemente esta todavía no se creaba oficialmente en nuestro Ejército. 

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Una de las más fervientes ideas de Luis Acevedo cuando regreso de Francia, donde se convirtiera en piloto aviador, fue la de que el Estado Chileno creara su propia Escuela de Aviación. Cada vez que tenía oportunidad de expresarlo, este joven pionero de los cielos nacionales, lo voceaba a quien quisiera escucharlo, con el convencimiento de que el país necesitaba contar con este adelanto de la ciencia que permitiría unir una tierra en que sólo el ferrocarril y el barco eran los medios eficientes de movilización, ya que de caminos poco se podía hablar en esa época. 

Fue así como a mediados de 1912, Acevedo se trasladaba al norte en una gira que lo llevaría a Antofagasta e Iquique, la entonces rica zona salitrera, donde realizó varios vuelos. El 31 de agosto, a bordo del vapor Maipo, llegaba el aviador a Iquique. Su arribo atrajo a miles de personas que querían conocer a este mapochino que de encuadernador primero y cantinero luego, había pasado a disputarle un espacio a los cóndores en su frágil máquina aérea. 

Dos vuelos efectuó el popular aviador en la ciudad nortina, utilizando para sus evoluciones el hipódromo, ubicado en un lugar inmediato a la popular playa Cavancha. Fue en uno de éstos vuelos que el aviador enfiló la proa de su avión hacia el mar, hasta un lugar cercano donde una veintena de buques de la Escuadra Nacional realizaban maniobras de combate. Simulando ser un avión enemigo, evolucionó sobre los navíos, cuyos tripulantes todavía no podían imaginar que a corto plazo el arma aérea tendría un lugar de preeminencia en los cielos del mundo. 

En un momento determinado Acevedo tomó altura y picó sobre la nave insignia de la flota y al pasar sobre cubierta arrojó un mensaje a nuestros marinos en los siguientes términos: A la Marina Chilena Yo doy la bienvenida, desde las alturas, por la felicidad de mi arribo a esta bahía, que es la gloria de Chile. Estoy contento en este día, que puedo demostrar cuánto el aeroplano serviría a la defensa nacional, no solamente en el Ejército terrestre, sino al mismo tiempo en nuestras fuerzas de mar. Nuestra nación debe imitar los adelantos de la Europa, que ya cuenta con la cuarta arma, que es la navegación aérea. 
¡Debemos fundar la Escuela de Aviación!
¡Viva Chile!
¡Viva la Marina!
¡Viva el Ejército! 
Luis Acevedo (Aviador Nacional) 

En tierra, el fervor popular de los pampinos estallaba en aplausos delirantes cada vez que el piloto realizaba tan arriesgadas maniobras y es posible que muchos ni se dieran cuenta que el aviador había dejado caer este mensaje en su picada sobre el buque insignia.

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La primera tentativa de correo aéreo realizada por el piloto Clodomiro Figueroa Ponce, tuvo lugar el 25 de marzo de 1913, durante el raid Batuco-Valparaíso-Santiago, sin escalas, con el que el aviador, según su propia confesión dejó en alto el honor nacional, luego de que el italiano Napoleón Rapini, de paso por chile, realizara el raid Valparaíso -Santiago-Valparaíso, con escala en la Capital. 

Don Cloro, preparó su “Caupolicán”, un avión armado con el motor Gnome de 50 HP del Bleriot que Acevedo había destruido días antes en el Club Hípico, además de las alas y otras piezas del aeroplano en el cual nunca pudo volar Eduardo Stockelbrand. Este verdadero engendro de avión fue armado por los hermanos Copetta y su mecánico francés Henry Goudou. El día anterior al raid, el aviador y su equipo durmieron agradablemente en las casas patronales de la hacienda Batuco, de propiedad de don José Filomeno Cifuentes, con el fin de poder estar tempranamente en el que fuera el primer campo de aviación destinado a estos fines en nuestro país. 

Cabe señalar que en esos años, para cubrir la distancia de 30 kilómetros desde la Capital, solamente se contaba con el ferrocarril de Santiago a Valparaíso, el que tenía detención en la estación Batuco. Tempranamente el día del vuelo, Figueroa, la familia Cifuentes en pleno y su amigo Lisandro Santelices, se dirigieron alegremente en varios carruajes al campo aéreo, donde los mecánicos Goudou y Copetta colocaban a punto al “Caupolicán”, que antes de las ocho de la mañana ya estaba listo para emprender el vuelo. 

Figueroa fue despedido por los presentes, momentos en que la joven Carolina Cifuentes puso la nota romántica, al entregar al valeroso aviador un hermoso ramo de jazmines, presagio de la victoria que esperaba al piloto en su lucha aérea. Al primer tirón de la hélice el motor se puso en marcha. Con 40 kilos de exceso, Godou confidenció a Figueroa: “si el aparato decola estamos salvados”. Y afortunadamente el aparato decoló y en breves minutos se elevaba a trescientos metros, siguiendo la línea del ferrocarril, la mejor carta de navegación de la época. 

Luego de una hora cuarenta minutos de vuelo, el aviador volaba sobre Viña del Mar. Cuando cruzaba la ciudad, nuestro aviador sacó de su bolsillo una carta que llevaba preparada para los hermanos Rapini y la lanzó sobre la ciudad, la que fue encontrada en el cerro del Castillo por don Edgardo Acevedo, quien luego de leer el mensaje del sobre la hizo llegar a su destinatario. El sobre decía: “Ruego a la persona que encontrare esta carta, la haga llegar a su destino. Se lo agradecerá el aviador nacional Clodomiro Figueroa” La dirección era: “Los aviadores Napoleón y Miguel Rapini, Hotel de France, Viña del Mar”. Raid Batuco-Valparaíso-Santiago. En su interior el sobre llevaba una esquela que decía: Clodomiro Figueroa P., Saluda atentamente al valiente Napoleón y al intrépido Miguel Rapini. Quiero que al partir de Chile lleven como un recuerdo, en compañía de su hermana Elena, el saludo cariñoso de su amigo, desde el hermoso cielo azul de la Patria. Deséoles que siempre les acompañe la fortuna, coronando sus frentes de laureles conquistados para la gloria de Italia. Marzo 25 de 1913.- Clodomiro Figueroa. 

En breves minutos Figueroa ya sobrevolaba Valparaíso. Aquí lanzó su segunda carta, dirigida a la prensa, la que fue encontrada por don Demetrio alvear. Esta decía así: Clodomiro Figueroa P., saluda atentamente a la Dirección del Mercurio, El Día, El Chileno y La Unión, y les ruega que en su nombre pida perdones al distinguido público de Valparaíso por no tener el placer de aterrizar con su “Caupolicán” en tierra porteña. 

El honor de la Patria exige que procure, como chileno, sobrepasar al bravo Napoleón Rapini. Porteños: hasta luego.- C. Figueroa. Más tarde Figueroa agradeció el gesto del ramo de flores de Carolina Cifuentes, con una hermosa esquela adornada con una rosa, que la Revista Zig-Zag publicó en un artículo sobre el aviador. Estos fueron los dos primeros ensayos de correo aéreo practicados por estos meritorios pioneros en aquellos primeros años de nuestra naciente aviación.  

EL CORREO ANCUD-PUERTO MONTT DE DAVID FUENTES

Durante muchos años las páginas del Diario El Llanquihue, de Puerto Montt, y otros diarios de provincia, guardaron celosamente la información de un trozo de vida provinciana en la que el aviador David Fuentes Sosa y su Bleriot “Talcahuano” tuvieron una participación destacada. 

Sin embargo cabe preguntarse ¿Qué pasó que esta información no repercutió en los diarios capitalinos? Y la verdad es que son muchas las preguntas que podrían hacerse y que naturalmente no tendrían una respuesta adecuada. Sólo el escritor aeronáutico portomontino Sergio Millar soto vino a rescatar, en parte, la historia de este vuelo en su libro Caballeros del Aire Austral, editado en 1994. 

Lo cierto es que entre el 10 y el 11 de diciembre de 1916, nuestro aviador llevó a cabo el primer correo aéreo conocido hasta la fecha, en nuestro territorio. Fuentes había tenido un año espléndido. El 4 de marzo le correspondió volar con un acompañante de resonancia mundial, nada menos que el mismísimo Santos Dumont, a quien llevó a Viña del Mar con motivo del programa de la Primera Conferencia Aeronáutica Panamericana. A mediados de año realizaba una gira por el sur del país acompañado del aviador Eugenio Castro y el mecánico Alfredo Vidal. 

El día 1º de noviembre había cumplido la hazaña de cruzar por primera vez el Estrecho de Magallanes, uniendo Punta Arenas con Porvenir. De igual forma realizó en Punta Arenas un vuelo en el que por primera vez se lanzaron volantes de propaganda sobre la ciudad. Posteriormente el aviador se dirigió en vapor a Puerto Montt, desde donde embarcó el Talcahuano en el transporte Casma de la Armada Nacional, con rumbo a Ancud, donde realizó algunos vuelos con pasajero y el día 10 de diciembre a las 06:45 horas emprendía el vuelo llevando como pasajero a don Federico Mücke y un cargamento especial: Un paquete con cartas del correo para su similar de Puerto Montt. 

Lamentablemente el viaje sufrió un considerable retraso, ya que al llegar al Canal de Chacao se descompuso la brújula, situación que unida a una espesa neblina que cubría el sector, hizo extraviar la ruta al piloto. A las 10 de la mañana, temiendo lo peor zarpó una pequeña expedición de tres escampavías de la Armada en busca de los viajeros, los que fueron ubicados al día siguiente en el pueblo de Contao, donde afortunadamente habían aterrizado sin novedad. Desde aquí tuvieron que dirigirse en bote a Calbuco en busca de combustible, el que habían consumido totalmente buscando un lugar apropiado para aterrizar. 

El día 11 de diciembre, cerca de las seis de la tarde, los pitos de los vapores anunciaban que el avión se aproximaba, causando la expectación de los cientos de curiosos que esperaban de temprano el regreso del “Talcahuano”. Momentos más tarde, junto a la estación de ferrocarriles, Fuentes realizaba un perfecto aterrizaje y piloto y pasajero descendían sonrientes de la máquina. En ese momento se acercó al aviador el Administrador de Correos don Arístides Díaz, quien preguntó por la correspondencia enviada desde Ancud. Fuentes entregó al Administrador un pequeño paquete con cartas, que al decir del diario El Llanquihue, que cubrió la información, era la primera correspondencia que se enviaba por el aire desde Ancud a Puerto Montt. 

Yo tendría que decir que el periódico se equivocaba, ya que esa no era la primera correspondencia aérea entre Ancud y Puerto Montt. Era realmente el primer correo aéreo realizado en el país y ellos estaban viviendo ese momento histórico al que nadie dio mayor importancia. Entre las cartas venía una nota del Primer Alcalde de Ancud, dirigida a su similar de Puerto Montt, la que afortunadamente publicó El Llanquihue en su edición del 12 de diciembre:

“Ancud, 10 de diciembre de 1916. El infrascrito, Primer alcalde de Ancud, tiene el particular placer de saludar efusivamente a su distinguido colega de la ciudad de Puerto Montt, aprovechando los progresos de la navegación aérea, en el primer raid de esta ciudad a la capital de Llanquihue, felizmente iniciado hoy por el intrépido piloto aviador Señor David Fuentes, quien con admirable seguridad y pericia gobierna a su querido “Talcahuano Bleriot”, de cuyo hecho quiere dejar constancia, como feliz augurio de futuro acercamiento y de progresos no lejanos de estas provincias australes. Luis Alvarez Gallo. 

Al parecer sólo esta nota queda de este primer correo aéreo realizado en nuestro país. Seguramente los sobres y las cartas que viajaron en el avión fueron destruidas o perdidas por sus destinatarios, quienes a lo mejor tampoco supieron que ellas habían llegado por este medio a sus manos. De seguro tampoco hubo sellos ni notas especiales en los sobres, ya que de haber sido así, más de algún filatélico habría reclamado la validez de este correo. CORREO AEREO SANTIAGO – VALPARAISO – SANTIAGO  

Ese día 1º de enero de 1919, parecía ser otro día del calor tórrido que invade la capital en esa época. La ciudadanía todavía no terminaba de dar los clásicos abrazos de Año Nuevo, cuando los más entusiastas ya llenaban las tribunas del Club Hípico, donde, con motivo de la tradicional celebración del torneo militar de año nuevo, el aviador Clodomiro Figueroa Ponce daría inicio a un nuevo raid Santiago - Valparaíso – Santiago, vuelo en el que el popular aviador realizaría el primer correo aéreo al puerto. La planificación del vuelo incluyó el diseño de una estampilla con la foto del aviador, a la que en su parte superior se le colocó la frase “Correo Aéreo”, en el centro la foto rodeada por un óvalo y en ambos costados se indicaba su valor : “cinco pesos”. En la parte inferior se ubicó la leyenda “Aviador Figueroa”. Rodeaba el óvalo una artística viñeta, El dentado de cada una de esta particulares estampillas fue realizado con una máquina de coser. 

El diseño fotográfico fue realizado por Aurelio Vera, profesional de categoría de la época, amigo y fotógrafo oficial del aviador, quién además estampó su rúbrica sobre la foto. La venta de los sellos se realizó con la debida anticipación en el Aéro-Club, Fotografía Vera, Confitería Palet, algunos diarios y otros locales que colaboraron en su colocación al público. Los pormenores de la preparación del vuelo habían sido profusamente difundidos por la prensa, como era costumbre en Don Cloro, quien se valía de este medio para invitar al público a ver sus populares volaciones. 

A las 08:30 horas el aviador ya estaba listo para el despegue. En esos momentos, de manos del Capitán y Piloto Militar Enrique Pérez Lavín, Figueroa recibió oficialmente la saca con correspondencia, la que contenía 539 cartas (según fuentes de la época), siendo ubicada en el interior del avión, el cual tomó pista y se elevó majestuoso con su carga de cartas y saludos de Año Nuevo rumbo al puerto de Valparaíso, mientras el numeroso público reunido en dicho lugar aclamaba al piloto. Era éste un correo especial. 

En primer lugar era el primer correo aéreo particular que se realizaba en nuestro país, ya que Correos de Chile no tuvo intervención oficial en la recepción de la correspondencia y cuando fue necesario entregar parte de ella al correo porteño, además del sello aéreo del aviador, se colocó a cada carta el franqueo oficial correspondiente. 

Después de una hora y quince minutos de vuelo, el Bleriot “Valparaíso”, de 80 HP, realizaba un feliz aterrizaje en Playa Ancha. El piloto distribuyó la correspondencia a los principales diarios de Valparaíso, y el resto de las cartas fue entregada por un servicio de automóviles, previamente concertados para su reparto, obteniendo los mensajeros como remuneración un peso por cada una de las cartas que contenía la valija. 

Debido al fuerte viento reinante, Figueroa debió aplazar hasta las 19.05 horas el regreso a Santiago. Una muchedumbre entusiasta avivó al piloto en los momentos de elevarse en Playa Ancha con destino a la Capital. Media hora antes de llegar a Santiago fue sorprendido por la obscuridad. Antes de aterrizar el aviador dio una vuelta sobre la ciudad, que a esa hora ofrecía un hermoso aspecto con la iluminación de algunos edificios como Gath y Chávez, Casa Francesa y otros edificios céntricos, debiendo tomar toda clase de precauciones para el descenso en el Club Hípico, donde solamente lo esperaba un pequeño grupo de amigos, quienes le marcaron la pista con algunas luces, aterrizando Figueroa sin novedad, luego de una hora y treinta minutos de vuelo. 

Sin pérdida de tiempo, Figueroa se trasladó a la oficina de “El Mercurio” y “El Diario Ilustrado”, donde hizo entrega de aproximadamente cuatrocientas cincuenta cartas, las que fueron distribuidas esa misma noche. 

Luego el aviador se dirigió a la Moneda para hacer entrega de cartas al Presidente de la República y al Ministro de Guerra, enviadas por el Círculo Naval. LOS PROYECTOS PERDIDOS Al término de la Primera Guerra Mundial los países beligerantes se encontraron con una indeterminada cantidad sobrante de material de vuelo, al que rápidamente había que buscarle colocación en tiempos de paz. 

Una gran cantidad de estas máquinas sirvieron para compensar a países como Chile, al que se le habían retenido buques de guerra que estaban en construcción en sus astilleros. Por este aporte involuntario, Chile recibió 36 aeroplanos y 14 hidroaviones de parte del Reino Unido, con cuyo material llegó también el instructor Víctor Huston, quien con estas máquinas dio un nuevo impulso a la aviación militar de nuestro país. 

En diversos países donde la empresa privada había aportado capitales, fábricas y tecnología, se buscaba la forma de que sus aviones sobrantes o en etapa de producción, pudieran tener una utilidad práctica. Fue así como se incentivó el transporte aéreo, que ya realizaban con éxito los dirigibles desde antes de la guerra. Bombarderos con capacidad para tres o más personas fueron adaptados para esta nueva actividad comercial. Los Estados, preocupados también de esta situación, comenzaron a enviar por el mundo diversas misiones, tanto comerciales, como informativas, sobre sus acciones en la Gran Guerra. 

Fue así como en los primeros días de enero de 1919, los chilenos se enteraban por la prensa que don Agustín Edwards, Embajador de Chile en Londres, había recibido un memorándum presentado por la Casa Vickers y Cía, en la que se consultaba hasta qué punto el Gobierno chileno estaría dispuesto a contribuir financieramente al establecimiento en Chile de la aeronavegación comercial. 

Las bases que ofrecía la empresa eran las siguientes: - Fundación de una Sociedad de Transportes Aéreos, para la conducción de correspondencia, pasajeros y carga. - Se comenzaría con un capital de cien mil libras y ochenta mil libras más para la explotación durante el primer año. - Se traerían seis hidroplanos y seis aeroplanos. Si la empresa tuviese éxito se desarrollaría su acción hasta fabricar los aparatos en el país y fundar y sostener una escuela de aviación. - Cada pasajero pagaría $ 0.31 oro por cada kilómetro y de $0.83 la tonelada de carga por kilómetro. Los aviones se desplazarían a una velocidad de 129 kilómetros por hora. - Sobre esta base, la empresa calculaba las entradas anuales en unas 120.000 libras. - El viaje entre Santiago y Valparaíso demoraría 46 minutos. Entre Punta Arenas y Puerto Montt la demora sería de doce horas. 

En el documento elevado por el Embajador a nuestro Gobierno, expresaba que para impulsar y desarrollar la aeronavegación comercial, deberían hacerse inversiones en aeródromos y, antes que nada, crear un organismo administrativo especial que tome a su cargo todo lo relacionado con el ramo. 

Debemos recordar que la casa Vickers era la constructora de los entonces afamados bombarderos pesados Vickers Vimy, bimotores que durante el año 1919 participaron en el primer cruce del Atlántico y en el vuelo de Gran Bretaña a Australia. 

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También durante ese mes visitaba Chile el periodista italiano Aquiles Ricciardi, quien se entrevistó con el Ministro de Relaciones Exteriores y luego dictó una conferencia en la Universidad de Chile. El fin de su visita estaba relacionado con la implantación de una línea aérea entre Génova y Santiago de Chile. 

Durante su estada en nuestro país, Ricciardi se hizo acompañar del doctor Juan Noé, quien lo presentó a nuestras más altas autoridades. En febrero de 1919 también visitaron Santiago los representantes de Handley-Page Bruce Douglas e Ivor Berlins, este último Mayor del Ejército Británico, quienes solicitaron facilidades al Gobierno para instalar un servicio aéreo entre el centro y norte del país. 

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Como podemos ver no fue una, sino varias las ofertas para establecer líneas aéreas en nuestro país antes de 1920. Es posible que en aquellos años nuestro Gobierno considerara elevados los costos de mantenimiento de una línea de estas características, o lo que se conocía hasta esa fecha como máquinas aéreas en el país eran demasiado precarias como para pensar que Chile podía aspirar a tener un sistema de aeronavegación comercial, rápido y seguro, como el que recién comenzaba a instaurarse en Europa. 

Así el correo aéreo y el transporte de pasajeros y carga, perdieron su oportunidad (la más clara presentada por la firma británica Vickers), de contar tempranamente con una línea aérea. No obstante, estas iniciativas habían logrado despertar una cierta conciencia de lo que significaría el transporte aéreo dentro del país. 

Por otra parte, ratificando lo adelantado que llegaron a estar algunas conversaciones de esta índole, basta recordar la iniciativa de la Cía. The Chile Exploration Co., la que en abril de 1919 inició la construcción de un hangar en Tocopilla, con el fin de establecer un correo aéreo de correspondencia y remesas de dinero.  

EL PRIMER CORREO AEREO INTERNACIONAL

El primer correo aéreo internacional llegado al país tuvo caracteres especiales. Lo trajo desde Buenos Aires el Teniente de la aviación italiana Antonio Locatelli. El vuelo obedecía a un gesto de confraternidad realizado por la Misión Aeronáutica de Italia, que había arribado con sus aviones a Buenos Aires el día 13 de marzo de 1919 en el barco “Tomaso di Savoia”, el que además trajo un numeroso contingente que había luchado bajo las banderas aliadas durante la Primera Guerra Mundial. 

Comandaba la misión el barón Antonio de Marchi y la integraban prestigiosos oficiales, suboficiales y personal técnico que había participado también en la citada contienda bélica. Destacaba entre sus oficiales el Teniente Antonio Locatelli, conocido piloto de la época, que ostentaba sobre su pecho tres medallas de plata y una de oro al Valor Militar, concedidas por su país en mérito a sus distinguidos servicios prestados como aviador. Locatelli pertenecía a la 87ª Escuadrilla de Observación, dotada con aviones Ansaldo S.V.A.5, monoplaza, de 220 HP, destacando en su hoja de vida un vuelo de reconocimiento sobre Friedrichshafen, acompañado de Ferrarín, el 21 de mayo de 1918, con un recorrido aproximado de 700 kilómetros. T

ambién había participado en el llamado “raid pacífico sobre Viena”, en el cual el poeta Gabriele D’Annunzio, voló en un avión piloteado por Natalle Palli, vuelo en que se recorrieron casi 1.000 kilómetros, un 80% de ellos sobre territorio enemigo. En la oportunidad se lanzaron proclamas escritas por el poeta y se tomaron fotos de la ciudad; en síntesis, un temerario vuelo de observación en pleno día. 

Es posible que estos méritos pesaran sobre sus compañeros para que se le concediera la autorización para realizar el raid del Atlántico al Pacífico, uniendo Buenos Aires con Viña del Mar y Santiago. 

Locatelli inició su raid en solitario en horas de la mañana del 22 de julio de 1919 en un avión Ansaldo S.V.A.5 de 220 HP tipo “Viena” (llamado así por haber participado en el referido raid), desde el campo aéreo de El Palomar, con el propósito de unir en vuelo directo Buenos Aires con Santiago. Como carga adicional traía una valija con correspondencia oficial, sellada por el correo bonaerense, destinada a convertirse en el primer correo internacional entre ambas naciones. Sin embargo el fuerte viento en contra frenó al SVA, debiendo aterrizar en Lagunitas, entre borbollón y Algarrobal, luego de un vuelo de cinco horas en el que se desplazó 1200 kilómetros. 

El día 30 de julio, luego de haber superado algunos pequeños inconvenientes, Locatelli reanudó su vuelo desde Algarrobal a las 7:23 horas, trayendo la primitiva valija de correo (que fue incrementada en Mendoza) en la que podía leerse un sello especial, como procedente del Segundo Correo Aéreo Internacional. 

De acuerdo a versiones de prensa la saca contenía 171 cartas simples, 83 impresos y un paquete especial para el diario El Mercurio, de Santiago. A las 09:25 horas. Luego de dar algunas vueltas por el puerto de Valparaíso, Locatelli colocaba ruedas en el Sporting Club de Viña del Mar. Desde allí una cálida recepción de connacionales le llevó hasta el Club de Viña y luego a Valparaíso. 

En tanto, en Santiago, una nutrida delegación de la colectividad italiana y autoridades militares y políticas esperaban al aviador, quien despegó de Viña a las 16:40 horas. Su llegada revistió caracteres de triunfo. Luego de beber una copa de champaña en el casino de la Escuela, Locatelli se dirigió en automóvil al correo central, donde entregó oficialmente la valija con el correo internacional. Entre sus cartas venía una nota especial dirigida por el baron de Marchi al Presidente de la República Juan Luis Sanfuentes, la que textualmente decía:

“La Misión Aeronáutica Militar Italiana en la Argentina, sumamente honrada, envía en el día de hoy a uno de sus pilotos, para llevar a V.E. y por su intermedio al pueblo, ejército de tierra, mar y aire de la gran nación hermana, un reverente y afectuoso saludo, haciendo votos para que la nueva era de paz que se inicia, sea de confraternidad y resultado práctico para los pueblos de América, bajo la égida simbólica del Cristo Redentor de Los Andes”

Era el primer saludo internacional que llegaba desde una nación hermana vía aérea y un joven piloto italiano había servido como enlace para llevar a feliz término esta misión. Locatelli regresó a Buenos Aires en vuelo directo el día 5 de agosto, despegando desde El Bosque a las 07:15 horas, dirigiéndose a Valparaíso, sobre cuya ciudad viró rectamente hacia el Aconcagua, aterrizando sin escalas en la Base Aérea El Palomar a las 15:40 horas. Había unido por primera vez ambas capitales en un vuelo de 7 horas con treinta minutos. 

En esta oportunidad el piloto también llevó una saca con correo para Buenos Aires, en cuyo exterior podía leerse “VIA AEREA Nº 1 Atención del Teniente Sr. Locatelli”. Entre las cartas iba la respuesta del Presidente Sanfuentes al barón Antonio de Marchi, titular de la Misión Italiana, concebida en los siguientes términos: 

“He recibido con profunda satisfacción el mensaje que la Misión Aeronáutica Militar Italiana en la Argentina confió a las intrépidas manos de uno de sus más brillantes voladores. El pueblo y ejército chilenos agradecen cordialmente ese saludo y felicitan a la Misión y su digno jefe por el triunfo del piloto Locatelli, que agrega su nombre a la historia de las comunicaciones aéreas chileno-argentinas, recién iniciadas para la más completa vinculación de los dos pueblos hermanos, estrechamente unidos a la simbólica sombra protectora del Cristo Redentor”

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Con este Correo Aéreo Internacional intercambiado en ambos sentidos entre los Correos de Chile y Argentina, termina este período de proyectos y realizaciones de Correo Aéreo. Pero será la década del ’20 cuando recién se establecerá en Chile un Correo Aéreo regular, en el que intervendrá directamente el Estado dando las concesiones respectivas.  

VEHÍCULOS FRANCESES PARA CORREO AÉREO  

En diciembre de 1919, arribaba a Valparaíso una misión francesa de aviación con un cargamento de camiones desarmados, destinados a cumplir una misión desconocida en el país. Habían sido concebidos como coches correo, con una cómoda cabina para recibir giros, encomiendas delicadas y habilitados para expendio de estampillas especiales de aviación. 

La prensa destacaba en sus publicaciones sobre estos extraños vehículos, que cuando se inaugurara el servicio de aviación postal en Chile, funcionarían estos autos portadores de correspondencia. Eran estos coches de gran potencia y velocidad, similares a los usados por una empresa francesa en París, para movilizar tropas a los campos de batalla. Luego de su exposición, los coches siguieron su ruta buscando mejores aleros para desempeñar su misión en otros países donde hubiera mayor interés por desarrollar la aviación, donde estos vehículos tendrían un papel de apoyo entre el correo y el avión.

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BIBLIOGRAFIA:
- Caballeros del Aire Austral 1914-1964 Sergio Millar Soto, 1994 
- El Correo Aéreo Transandino, Augusto Victor Bousquet, 1985 
- Historia Aeronáutica de Chile, Enrique Flores Alvarez, 1950 
- La Primera Víctima, Claudio de Alas, 1913 
- El Mercurio, diario, 1918 y 1919 
- El Llanquihue, Diario, diciembre 1916 
- Revista Auto y Aero, 1919 - Revista Sucesos, 1919 
- Chile Filatélico Nros. 163 y 164, 1966 
Zig-Zag, Revista, diversos años.

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